miércoles, 11 de mayo de 2022

Lasker, Capablanca, Alekhine y Botvinnik o ganar en tiempos revueltos (389)

Por fin llegamos al último de los participantes del II Gran Torneo Internacional de Moscú de 1935, que aquí seguimos y donde a partir de mañana, pondremos todas las partidas (con el certero aporte del último grito tecnológico actual) de tres de los cuatro héroes de este magno serial.

Nos referimos a:

20) Emanuel Lasker (Alemán hasta la llegada de Hitler. Luego Inglés primero y ruso después, aunque terminó en los EE UU, donde falleció. Todo un ejemplo de ¡ciudadano del mundo!. 1868-1941).

El segundo campeón mundial, tras Steinitz y antes de Capablanca, Alekhine, Euwe y Botvinnik, por señalar ordenadamente a todos los divos que aquí nos ocupan, pasaba en 1935 por "graves" problemas vitales provocados por el presidente alemán de entonces, cuyo nombre comparamos hoy con Vladimir Putin. ¡Cómo se parecen los dos!.

Por tanto, antes que nada, proclamamos otra vez, un:

¡No a la guerra invasora en Ucrania!.

Para esta crónica he querido seguir el bonito libro del historiador español, Miguel Angel Nepomuceno, titulado "Lasker: el difícil camino hacia la gloria", que yo creo, modestamente, que en 1991 fui de los primeros españoles en adquirirlo y que en la actualidad ya he releído con gozo varias veces.

Un libro biográfico sobre el Dr. Lasker, imprescindible
para el aficionado hispanoparlante.

Un trocito de lo que escribió Nepomuceno en este libro y sobre esta época que estamos tratando, me parece muy realista para comparar hoy a Putin con Hitler, sobre todo cuando el líder ruso pretende hacerle ver a su pobre pueblo que los nazis están pululando por Europa y que él ha montado, dice, una operación especial, para desmantelarlos, en un auténtico ataque de histeria

Dijo Nepomuceno:

"Para Lasker, la crisis europea obligaba a poner finalmente las cartas sobre la mesa. El desenlace catastrófico era sólo cuestión de días. Entre tanto, el fanatismo y el revanchismo sádico se iban apoderando gradualmente de una gran parte de la población. Muchos alemanes habían cedido bajo el continuo bombardeo de la propaganda, acobardados por un estado exigente, un partido vigilante y una prensa controlada. Las turbas saqueaban sin piedad las casas de los judíos aterrorizando a los pequeños comerciantes sin ningún tipo de orden oficial. Los incidentes en las calles de las ciudades y pueblos fueron los más atroces que el régimen de Hitler había presenciado hasta el momento"... .

Estimados lectores, lo ocurrido primero allí, a partir de 1934 en Alemania y lo que pasa hoy en día en Ucrania es muy parecido. TIEMPOS REVUELTOS. Los rusos no saben bien lo que está verdaderamente ocurriendo, porque su gobierno dictatorial comunista, totalmente de extrema izquierda, se los oculta.

El Dr. Lasker y su esposa Martha, antes del 37º Campeonato Suizo y a la vez Torneo Internacional de Maestros de Zurich de 1934, que aquí ya hemos seguido, se mudaron temporalmente a Londres y tras aquel certamen, estuvieron allí ya con carácter fijo. Pero con motivo del inicio del II Gran Torneo Internacional de Moscú de 1935, pidieron a Krylenko (amigo de Lenin, gobernante luego con Stalin y mandado a asesinar más tarde por este último en una de sus múltiples purgas - ¿Os suena?)  la nacionalidad soviética; huyendo siempre del maltrato físico y psicológico al que podían estar sometidos (ambos eran judíos) por la cruel Alemania Nazi, como hoy también está siendo acosado el pueblo ucraniano por el ejército ruso de Putin.

De aquella manera, el Dr. Lasker volvía a la práctica magistral del ajedrez, que la usaba como medio de sustento, pues lo había perdido todo, al abandonar su bonita casa berlinesa y la mayoría de sus pertenencias.

Con 66 años cumplidos, se iba a medir una vez más a la élite ajedrecística mundial y todavía era capaz allí, entre todos ellos, de ¡sentar cátedra!, pues a él se le podía aplicar perfectamente aquel adagio popular que dice genio y figura hasta la sepultura.

Mañana, su primera partida de la competición será la que abra la crónica y ya les anticipo que Lasker en ella y con las piezas negras, consiguió como tantas otras veces había hecho antes, ¡la victoria!.

Queridos amigos, la reina del ajedrez, la mítica diosa Caissa, tiene claro que hombres como Hitler antes o Putin ahora, jamás podrán ponerla triste. Ellos, aunque ingenuamente pretendiesen ser como reyes, lo cierto es que se quedaron sin la reina...


Angel Jiménez Arteaga
aarteaga61@gmail.com

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